Hay dos marcos de empleo claramente diferenciados. Por un lado los francotiradores pueden formar parte de equipos operativos infiltrados profundamente dentro del territorio enemigo, o por el contrario pertenecer a unidades convencionales y llevar a cabo sus actuaciones en las inmediaciones del área de despliegue de las mismas.
Un auténtico sniper debe dominar todas las disciplinas de su oficio; el camuflaje, el avance, el cálculo de distancias para realizar los más certeros disparos.
Un francotirador es un soldado de infantería dotado de buena puntería y capacidad de observar y localizar al enemigo, por bien oculto que esté, acecharle y esperar el momento en que pueda abatirlo de un solo disparo.
Pocos gritos hay tan electrizantes como el de ¡francotiradores!. Se han dado y se siguen dando en prácticamente todas las lenguas. Quienes lo escuchan, por lo general lo hacen después de haber oído un disparo y haber visto como caía malherido alguno de sus compañeros, a la vez que intuyen que un peligro mortal, invisible y momentáneamente inidentificable en su origen, les acecha paralizándoles de terror…”